lunes, 19 de mayo de 2008

Maracuja is love.

Perú, Semana Santa 2008.


Había querido hacer este viaje desde hace años.

Años no es decir demasiado, hace un año Miau decidió venirse y disfrutamos un Baires/Rosario accidentado que en la lejanía tiene un gustito inconcluso. Siempre pienso sobre las cosas que no pudo ver, las incomodidades de nuestra casa, la falta de plata y transporte para poder visitar más lugares... lo bueno es que Lima se siente como si estuviera a unos pocos kilómetros de distancia, y los pasajes se han vuelto accesibles, cualquier momento es bueno para darse una vuelta de nuevo.

Dije que iba a ir antes, no se pudo, por razones de trabajo (como siempre). Me renovaron cuando pasaron los tres meses en que tenía que dejar el Hotel (época en que yo pensaba devolver la visita ^^), así que tuve que pensar en ir para cuando me dieran mis propias vacaciones. Todo el año 2007 pasó en planes frustrados, en decir “Esta vez viajo a Perú” sin que nadie me creyera =_=.

El pasaporte fue un tema aparte al llegar diciembre del 2007. Me levanté temprano (no recuerdo qué día), y me tomé el 143 hasta el anexo de la Policía Federal ahí en la 9 de Julio. Hice una fila larga, llena de gente que se colaba, y cuando al fin llegué al mostrador, un policía miró mi documento y me señaló gravemente que “no había votado en las elecciones presidenciales de octubre”. “Viejo choto”, pensé, pero acabé preguntándole cómo podía solucionarlo. Tenía que ir a Pasaje Álvarez y Presidente Roca, y ahí alguien me sellaría la omisión del voto.

Lo dejé para después de que pasara la semana de navidad; me metí a internet y encontré el Pasaje en un foro de Rosario, era la defensoría del Pueblo frente a Plaza Pringles. Fácil de encontrar, podía esperar.

Navidad y año nuevo pasaron volando. Fui a la Defensoría y me comunicaron muy horriblemente que la Junta Electoral había regresado a su sede de origen, en la capital de la provincia. A ver, eso era increíblemente terrorífico: de Baires sabía lo agobiante de las calles, el subte, el mundo de gente, los chorros... pero no sabía nada de las calles santafesinas. Llamé al teléfono que me habían dado, y una señora me dijo que tenía que llevar un justificativo de por qué no había podido votar, y me dio indicaciones de cómo llegar: “a unas nueve cuadras de la Terminal de Ómnibus. Bajate y preguntá”. Fuck.


Me fui durmiendo en el colectivo, bajé en la Estación Belgrano y me hice las diez cuadras hasta la comisaría, después de preguntar en mesa de informes.

Llegué a la seccional después de caminar insegura, y un policía de ojos claros me hizo entrar y llamó a una chica, que vino rápido, me pidió el documento (“¿No tenés otro para sellar, no?”, y yo: “No O_o”), hizo unos ajustes en una 486 que chirriaba, y me devolvió el DNI con un estúpido sellito diciendo “Justificación por omisión de voto”. No tenía nada para perder, así que me quedé en Santa Fé, disfrutando de las vistas ^_^.


http://www.youtube.com/watch?v=baFWzTDsIiA
http://www.youtube.com/watch?v=Ot4p5n2y74o

Ya no quedaba tiempo para hacerlo acá en Rosario, porque se demoran hasta cuatro veces más ya que los papeles van directo a Buenos Aires... así que esperé a un domingo de franco y compré pasajes para el Rosarino, que salía a las dos de la mañana y llegaba a Retiro a las seis. Del viaje me acuerdo que fue frío, llovía, y al bajar en Retiro unos negros miraban con demasiado cariño mi cartera ¬¬. Hachi me había dicho que tenía que tomar el 143 y bajarme en Paseo Colón, a la altura del 600. Cuando llegué ahí a Azopardo, sede de la Policía Federal, me llevé una decepción de dos cuadras =_=. ¡Dos cuadras de fila! Y faltaba una hora para que abrieran...


El trámite pareció ser más terrible, pero al final sólo fueron tres horas y algo... ^_^. Lo primero que hicieron fue ver el put* sello de omisión de voto, pedirme fotocopias, hacer colas para pagar, para sacar foto, para firmar y hasta para que me dejaran los dedos negros =_=. Salí cansada, con ganas de dejar a Baires en el olvido, fui al Barrio Chino, me compré unas porquerías y almorcé chaw fan, y volví a Rosario...

La espera fue espantosa. Mensajitos a Miau, y esa incertidumbre de: "quiero planear, pero lo más importante no está. Quiero, quiero, quiero... ¿pero y si no llega...?". Por fin, un soleado mediodía, me llamaron al laburo para avisar que había llegado. Yo, dichosamente happy xD.

Al otro día, lo primero que hice fue anotar una lista de aerolíneas locales. Estaba Aerolíneas Argentinas (que había tenido problemas unos días antes, cerrando sus oficinas porque un par de argentos locos habían tenido demoras y casi destrozaron a los empleados ¬¬), Lan que quedaba casi descartada por valer mucho, y Gol, que tampoco inspiraba demasiada confianza porque todo el mundo habla del accidente de unos años atrás.

AA daba ocupado, así que probé con Gol inmediatamente. La que atendía me dijo que aguardara en línea mientras ella acordaba horarios, y al final salió diciendo un precio que no era ridículo ni tan distinto al de la página de internet (anteriormente otro de los que atiende ahí me dijo que esos precios eran sólo para e-venta, y que normalmente salían mucho más caros). Quedé en ir enseguida.

Por suerte, una chica esperaba atrás de la computadora. Era un mostrador chiquito y poco agraciado, color blanco y naranja (como el logo de la aerolínea, bleh) con unas flores artificiales encima. La vendedora fue amable...

Le puse saldo al celular, y envié un mensaje a Miau que decía “No voy a poder ir u.u”, y luego otro que decía “Ahora, porque el 20 llego a Lima a la una y media”. El router de la oficina donde ella trabaja andaba cayéndose, así que recibí su mensaje un rato después. Felicitat ^_^.


Las dos semanas de preparativos pasaron rápidamente, pero necesitaba las vacaciones y no aguantaba la espera. Tenía miedo al avión y se me ocurrió que podía morir en ese viaje (pero wtf, no hice nada XD), y dejé todo -como siempre- para último momento. También trabajé hasta la medianoche de ese martes y cuando llegué a casa tenía demasiada flojera y cansancio para armar la maleta.

Mi habitación era un caos. Creo que terminé de ordenarla esa noche, y me desperté temprano en la mañana del miércoles porque la traffic pasaba a recogerme a eso de las doce del mediodía. Me duché, mientras mi mamá apuraba desde afuera. Me peiné, mientras mi mamá seguía apresurándome.

Irme fue fácil. No hubo lagrimitas, yo tenía ganas de viajar y alejarme de casa.

Entré a la traffic y me senté en un asiento de dos, sola. La primera parte del viaje fue rápida, ayudada por la música del celular y los mensajitos que me llegaban ^^. Paramos en San Nicolás, en una estación de servicio a comprar algo, y yo me decidí por unas Oreos y una botella de Fanta. Segundo GRAAN error (el primero fue haberme subido a esos tacos, omg).

Tengo un problema con las bebidas; doy un trago y soy capaz de beber lo que resta con dos sorbos más... me bebí toda la botella de medio litro pensando que llegaba a Ezeiza en menos de dos horas... El chófer se desvió por las protestas del paro Agrario, y el trayecto se alargó una hora más. Después, un accidente en la ruta y estuvimos media hora avanzando a paso de hombre, y luego... todo, todo el tráfico de autos saliendo por la autopista para dejar la ciudad. Tenía que estar a las diecinueve y veinte en las oficinas de Gol, y eran las y cuarto y yo sentía que mis riñones explotaban. No recuerdo otro viaje tan, tan desesperado.

Para el próximo viaje voy a asegurarme de:

* usar calzado bajo.
* no beber nada.
* evitar los piquetes.
* evitar sentarme al lado de gente estúpida.
* llevar abrigo para que mi pecho derecho no se rebele y duela como si se hubiera muerto ¬_¬.

El check in de Gol era largo. Había dos brasileños que querían llevar una kind-of canoa? kayak? tabla de surf? y se pararon en medio de la cola para hablar con el asesor argentino que tartamudeaba en portugués. Había mujeres con cuatro valijas grandes, chicas con maletitas que me hacían pensar “Van de viaje por un mediodía O_o”... hasta que me tocó a mí, que según la pesa llevaba quince kilos. Me dieron la carta de embarque y tuve que ir a pagar los $18 USD, mientras oía a la idiota de seguridad que se burlaba por mi forma de caminar (esas botas me hacían sentir un pato T_T).

Di dos vueltas preguntando por migraciones y me hicieron dar un rodeo hasta las escaleras mecánicas de la entrada. Subir, presentar pasaporte, y pasar hasta las filas de migraciones, absolutamente hasta el tope de gente.

Me pidieron papeles, y lo único que hice fue dejarle todos los papeles que tenía a la señora que sellaba el pasaporte. “No entiendo nada, es la primera vez que hago esto”, le dije, y fue muy comprensiva porque me sonrió y respondió que no me hiciera problemas, que ella estaba para ayudarme. Selló todo, lo devolvió con presteza y me deseó buen viaje. Tenía que ir a la puerta de embarque número cinco, al final del hall hacia la izquierda. En la salida me abordaron dos promotoras del Kenzo Flower, que me tiraron perfume en las muñecas y me dejaron oliendo como la mitad de las mujeres que esperaban en la salita.


El vuelo estaba retrasado. Eran las nueve y veinte y yo seguía esperando. Pasó el rato y abrieron el embarque de Gol. La gente, desesperada como siempre, comenzó a codearse para pasar primero, pero anunciaron que iban a hacer subir los que estaban ubicados hasta el asiento número treinta. Yo tenía el veintiocho, así que avancé nomás, bajando por esa rampa medio empinada, deteniéndome a sacarle foto a la puerta (bleh) del Boeing.

Cuando llegué, un hombre grande me miró unos segundos antes de darse cuenta de que le estaba pidiendo permiso para pasar a mi lugar junto a la ventanilla. Horror de lugar, porque cuando dan ganas de ir al baño hay que despertar a medio mundo para pasar -_-. Se me dio por mirar a la ventana y vi que estaba repleta de gotitas... imaginé que lavaban el avión (wtf, qué ingenua ;_;) hasta que vi que el tipo de afuera estaba con un pilotín porque DILUVIABA. Putamadre. Me removí, incómoda, y le pregunté al tipo de al lado si se podía despegar con semejante tormenta, y él, muy sosegadamente, se acercó a mirar por el ¿vidrio?, abriendo grandes los ojos cuando señaló un relámpago.

Yo: Espero que no, no quiero morirme *risa nerviosa*
Él: No, si te morís vos, nos morimos todos.

Agh. En eso anunciaron que el avión se iba a demorar por la tempestad, y me dediqué a calmarme con una revista de Gol, que, como los anuncios, era un jeroglífico.

Él: ¿Es la primera vez que viajás?
Yo: Sí. Pero por la tormenta no creo que haya problema... el avión imagino que la sobrevuela, ¿cierto? ^_^
Él: Sí, pero primero... tiene que pasarla... *arrastrando las palabras*
Yo: ;____;
Él: ahí tenés bolsitas por si te llegás a descomponer.
Yo: Ah, sí, me guardé la bolsita en el bolso...


Y así me sentí como si fuera una chorra y dejé la bolsita en su lugar de nuevo ¬_¬. El ¿azafato? anunció un “agora preparau pel alfkjlaj deculash” que deduje que era “vamos a despegar”, y aspiré hondo... y me encomendé a Dios ;_;. Fui muy dramática antes de que el avión se despegara del suelo y Buenos Aires se viera como un enjambre dorado desde el cielo.

Hubo turbulencias hasta unos cuarenta minutos después de dejar el aeropuerto. No se veía más que el ala oscilando, iluminada por los relámpagos y el avión moviéndose como si estuviera cruzando baches. Se tranquilizó hasta que vi abajo un montón de manchas blancas cuando cruzamos la cordillera. El tipo sentado a mi lado seguía echando miradas preocupadas hacia la ventana y no hacía más que incomodarme, pero me quedé dormida y me despertó la voz de una azafata preguntando si quería algo de beber.

A ver, sus preguntas eran una mezcla rara... portugués intercalando con español dicho rápidamente, onda: “vocequieres jugo na guaraná senhoora/mininas”. Así que dije que sí a cualquier cosa y me dejaron un jugo que tenía gusto a maní y un sándwich con una lonja de algo que remedaba a carne, pero como tengo esa concepción de “la carne argentina es la mejor del mundo” y yo esperaba una feta de salame, no comí nada.

Aterrizamos en Chile, no nos permitieron bajar (tampoco quería), y seguí durmiendo. Me despertaron otra vez para darme el mismo refrigerio, junto con la barrita frutal de guayaba (que sí comí). La cabeza se me partía y de a ratos me faltaba el aire, pero lo solucionaba echando cabezaditas. En Chile había probado si tenía señal y los mensajes me habían llegado uno detrás del otro, pero no podía responder, así que el celular seguía mudo dentro del bolso de mano.

Desinfectaron el avión con un desodorante asqueroso, según ordenanzas chilenas, y seguimos rumbo al aeropuerto nacional “Giorgio Shávaz” (según el dialecto de la azafata bilingüe-muerte, pero en idioma normal: Jorge Chávez). El avión hizo un giro enoorme que sí se sintió y me hizo sentir revuelta, pero pasó rápido y aterrizamos en Lima. Porr fin ^__^.

Lima ^_^.


Bajé por una rampa parecida a la de Baires, con la diferencia de ver carteles coloridos a los costados, y avancé con el resto de pasajeros hasta Migraciones. Otra fila, pero ni la mitad de larga que la de Ezeiza.

Firmaron mi pasaporte, busqué la maleta en las cintas (todas se parecían, tuve que fijarme varias veces antes de agarrar la mía...), entregué el comprobante, le di el papel de aduanas (que la chica que lo recibió ni siquiera hojeó), toqué el dichoso botón, dio verde, y ¡chan! Ahí estaba la libertad ^__^.

Del otro lado de un muro blanco, miré si estaba Miau y esperé que me encontrara, porque me había ido con tacos como para sacarle una cabeza a la mitad de la gente, y vi un brazo en el aire y un vestido negro XD (sí, no veo de lejos, sépanlo >_<).

Abracitu, tiernitu después de un año y pico de no vernos ^_^. ¡Se la extrañaba! No sé qué pasó hasta que llegué al automóvil de su papá, pero sí noté que al aire estaba enrarecido. Olía y se sentía pesado... algo de lo más curioso, porque al otro día no sentí lo mismo.

El trayecto se hizo corto, creo que me quejé del avión, de los tacos y del agujero en la media derecha que no me permitía sacarme las botas con confianza ni en el avión ni en la traffic rumbo a Ezeiza. Estar en Lima, tan lejos de Argentina, me pareció algo fácil mientras avanzábamos hacia Pueblo Libre. No había tanta diferencia de noche, era como la carretera de Pueblo Nuevo, cerca del Swift acá en Villa Gobernador Gálvez.


Lo próximo que me acuerdo es sacarme las botas ^__^. ¡Horribles! Juro no volver a taconear en un buen tiempo... Desempaqué los regalitos n_n, dejar a Lenora con su madre fue... ¡alivio! Tantas pesadillas pensando que llevaba poca ropa o que olvidaba llevar a esa oveja~ La maleta se sintió liviana ^^, la dejé a los pies de la cama, y me puse el camisón, mientras charlábamos con Miau ^_^.


Habían preparado una cama para mí, y procedí a usarla toda la noche XD. Fue muy lindo el gesto de Miau: “no uses esta cama porque hace ruido cuando te mueves”. La primera impresión de sus papás fue que eran dos personas muy educadas... oír a la mamá de Miau, después de haberla visto en una foto, fue raro... la había visto como alguien mucho más inaccesible, pero su voz es una de las cosas más dulces que he oído ^_^. Espero que no se ofenda al saberlo.

El jueves a la mañana, después de morir por seis horas (porque llegamos a las cuatro de la mañana), comenzó el itinerario que Miau había preparado. Preparó un desayuno de té con limón y uno de nuestros Carlitos (pero sin salsa), todo tan rico que me hizo olvidar mi alergia con el jamón =_=. Después de vestirnos fue la primera incursión en Lima: las combis ^___^.

Llegó una de nuestras traffics (quizá más pequeña) y aunque acá usamos el término “Combi”, son tipos de transporte distintos. La combi limeña es algo así como un minibus, mientras que acá las combis se usan en traslados como escolares o de trabajadores de una empresa o de pasajeros, siempre en contadas cantidades (que corresponden a los asientos que haya). Era como ver uno de mis colectivos, pero chiquito, y muchísimo más veloz y organizado de distinta forma. El cobrador colgado en la única puerta de entrada (juro que lo primero que hice al subir fue mirar si había otra puerta por la cual bajar, porque me parecía extraño ver una sola), gritando los destinos de esa combi, o cobrando personalmente a los pasajeros.

El primer cobrador que pasó balbuceó algo y no le entendí nada. El segundo paró, detenido por Miau. Subió, y yo fui tras ella, y ahí me di cuenta de que si arranca y no alcanzaste a afianzarte en los escalores ni dijiste “sube, sube, sube”, podés ir a parar a lo que sea el equivalente de nuestro HECA (Hospital de Emergencias Clemente Álvarez) =P.

Como era feriado, el trayecto fue rápido. ¿Avenida Arequipa? estaba rota por remodelaciones por la Apec, así que se desvió por otro lado. Miau me llevó por Miraflores y comencé a tener una noción del cambio entre pesos/soles/dólares.

Starbucks ^___^. Aunque al lado habíamos visto una copa llena de frutillas/fresas rociadas con crema chantilly que me habían abierto el apetito. En ningún momento se me pasó por alto la diferencia de horarios, todo lo comparaba con eso... eran las doce... ahí, claro. En mi casa eran las dos, y yo moría de hambre (o de sueño) con dos horas de anticipación al resto XD. Starbucks era el cielo~ una vitrina llena de postres: brownies, cookies con chispitas, frutillas, leche, crema chantilly, leche condensada~ *dies*. ¿Qué me recomendás?”, pregunté a Miau, y dijo que ella siempre tomaba el Frappuccino, pero que esta vez iba a tomar uno caliente, porque todavía andaba mal de la garganta.

El café sabía a café. No como el de la máquina del laburo, no. Tendría que haberlo probado caliente, pero mi estómago en esos días no andaba muy ‘católico’ que digamos... La próxima vez será ^^.

Cruzamos por la plaza frente al Starbucks (¿Parque Kennedy?), y nos dirigimos a un locutorio (o fue antes, no lo recuerdo).

En una callejuela cerca del parque había un monumento donde, según me contó Miau, habían arrojado una bomba tiempo atrás. Me saqué foto ^^... y ahora también recuerdo ese lugar por el sitio donde la Miauchu perdió la suela del zapato XD.

Miraflores me pareció encantador ^_^. Fue por ahí donde compré mi primera Vicuña (?) de Cuy-arts, que dio comienzo a una seguidilla de tentaciones llameantes XD. Por diox, ahora me doy cuenta de que todo esa adicción por comprar y comprar (que veo en mi mamá y critico y nunca entiendo...) es algo que no puede manejarse. Todo lo que veía me provocaba deseos de tenerlo O_o. Llamas, remeras, anotadores... fuimos a La Quinta, donde J compra ropa, y no vi nada que me llamara la atención... para comprar, aclaro, porque las polleras verde fluorescente te acaparaban tanto que los ojos dolían xD.

Llegamos al final de la calle Larco. Y me recibió el océano en toda su belleza. Oh, acá en Argentina tenemos Mar del Plata, claro, pero nunca había podido ir a conocer el mar por razones económicas, flojera, o simplemente falta de proyectos. Ahora comprendo por qué la gente elige las playas para desestresarse... es sentir que no hay nada, como si el cerebro estuviera obnubilado con semejante naturaleza y no permitiera el paso a los problemas. Fue sencillamente maravilloso.

Miau me llevó a dar una vuelta por el Centro Comercial. ¡Cuántas tiendas! Vi Sanrio, con la gata trola de Kitty, y entré a comprar el peluche que ahora es uno de los tesoros de mi hermana XD... vi zapatos horribles que Dios quiera no se pongan de moda jamás, y locales de comida que daban ganas de pasar horas ahí adentro probando un poco de todo. Pasamos por KFC, por el insulso Mac Donald’s que ya no tiene el mismo gusto después de comer Kentucky, y por China Wok, donde me regalaron un pollo con tamarindo (era la primera vez que probaba algo así) que terminé dándole a Miau, porque mi estómago nadaba en Café helado XD.

Dejamos Larcomar y fuimos a la derecha; hacía calor, y eché mucho de menos nuestras cuadras de sombra. Por lo que había oído de Lima, a pesar de no ver tantos árboles, me pareció mucho más verde de lo que imaginaba (excepto en el centro, claro, era de esperarse). Anduvimos hasta el parque del amor... eso de tener los pies a una altura y la pendiente a unos escasos metros todavía me da una sensación rara. Siempre le he tenido miedo a las alturas, pero ni el océano ni las pendientes me dieron la inseguridad que quizá me provocó subir el cerro cuando fuimos a la Molina O_o.

Pasamos por el puente de los suicidas, donde la gente se arrojaba hacia el asfalto. Le dije a Miau que habían dejado un trozo sin cubrir, al costado, pero ella me respondió que no, que ahí había pasto y sólo rodaban ^_^. Esa contestación, dicha en tono tan liviano, junto con esa que me dio sobre el parapente (Yo: ¿Y si el viento se les acaba? “Pues mueren ^_^” <-- Miau) es algo que hasta ahora me despierta una sonrisa XDD.


No sé en qué momento fuimos al Mercado Indio.


Fue ver muchas cosas juntas y otra vez, querer comprarlo todo ^__^. ¡Llamas! Muchísimas, algunas sin ojos, algunas que se parecían caniches, otras demasiado caras... ¡alfombrass! Chales, pullovers~

Y aprendí a regatear, aunque me daba vergüenza al principio... ¡rarísimo! No hay nada como eso acá en Argentina... mi mamá me recordó las épocas malas de De la Rúa, con los trueques en los barrios, pero aunque no fue una época especialmente próspera, jamás fui a uno de esos trueques donde se intercambiaban bienes y había regateo.

Por otra parte, una vez que comencé a manejarme de esa forma, me pareció terriblemente más fácil acostumbrarme. Es pensar que te ahorrás algo, y podés usarlo para otra cosa, aunque no sea mucho. Genial, indeed ^^.

A lo que no me terminé de acostumbrar nunca fue el tráfico. Omg. En estos días después del regreso he tratado de comparar ambas ciudades y ese es un punto en el que no hay coincidencia, de cualquier manera en que se vea. Nuestro sistema permite que los vehículos circulen rápidamente de noche, cuando no hay gente en las calles... la gente de acá cruza caminando una calle, porque sabe que el derecho es del peatón, si bien casi nunca respetan la senda peatonal. Para tomar un colectivo hay que caminar hasta la esquina, y calcular que sea la parada correcta, cada dos cuadras.

Allá las combis son rápidas, las podés parar en el medio de una calle, avenida, cualquier lugar (siempre y cuando no haya inspectores cerca), te ahorrás caminar metros innecesarios, son utilísimas. ¡Los taxis! Eso es una ventaja maravillosa ;__;. Estirar el brazo y que hagan cola, regatear el costo del viaje... es horrible haber vuelto a nuestros rigurosos tacheros que te arreglan el taxímetro y una ida desde el trabajo a casa cuesta más de treinta pesos...


Barranco.


Llegamos de recorrer, y estaban los papás de Miau en casa ^_^. No me hicieron sentir incómoda en ningún momento, de a ratos me pasaba por la cabeza que quizá se aburrieran de oírme hablar (y eso porque reconozco que cuando algo me emociona puedo estar horas hablando sin parar, y a veces cuando oigo mi voz me dan ganas de hacerme callar, por cotorra xD), pero ellos fueron muy amables y me escuchaban interesados ^^.

Entré a ducharme, y al salir me encontré a Julio, sentado junto a la Miau, que estaba dándole una cámara digital. Miau tenía que encontrarse donde Youko Gingitsune, por su cumpleaños, así que me dijeron que teníamos que ir a Jesús María y luego, desde allí, al sitio del Concierto.

Cuando salimos a tomar la combi me sentí como la primera vez que entré al Meter y me quedé trabajando sola con Omar XD. Pero por suerte, charlar con Julio me hizo perder cualquier recelo. Hablamos del trabajo, de Argentina, de Perú, de música. Hasta que bajamos, él entró a un negocio y a mí se me dio por preguntar si tenían series koreanas. La respuesta (y luego la cantidad de títulos) me dejó sorprendida... Quería ver “It started with a kiss”, porque estaba en verycd pero no había subtítulos en castellano para mi mamá. De treinta y cinco soles a treinta... y me la llevé ^^. No me arrepiento, muy linda serie n_n.


Caminamos por tiendas y mi pobre estómago pedía comida, así que compré doritos y una Inca Cola (adictiva~ :3~). Jesús María tenía ropas al estilo La Salada, allá en Baires. No vi nada que me llamara la atención como para comprar, pero era un buen sitio para buscar cosas. Creo que volvimos a otra combi (o caminamos) hacia Barranco. J comentó que electrificaban los alambres de púas arriba de los tapiales de algunas casas y quedé shockeada O_o. Que yo sepa, eso acá es delito... la gente pone vidrios en los tapiales y hasta ahí llega.

Cruzar la calle corriendo es algo que acá sólo hacen los campesinos (o mi mamá ¬¬), así que por hacerme la rosarina casi me pasan por encima =_=. Creo que todo el viaje fue posible a Miau, sus papás y Julio, que me ayudaban a guiarme con el tráfico. De lo contrario, habría estado bajo una rueda a segundos de llegar XD.

Pasamos por una plaza donde saqué la cámara-crappy benq que se demoraba (literalmente) todo un minuto para cargar entre pic y pic, y unos chorros miraron el demoníaco artilugio con muchas ganas, para horror de Julio, que seguro pensó “omg”. A partir de ahí, el camino se hace confuso. Saqué más fotos en el mirador, la cruz encendida de noche, las vistas eran hermosas. Y tras caminar un poco, llegamos al bar donde se daba el concierto. J se encontró con un par de amigos, a los que luego se les unieron dos francesas fumadas, una de las cuales todo lo que decía era “pinches” (bleh).

Se sentaron, comenzaron a hablar de hachís y formas de transportarlo, abrieron una botella de ron y le agregaron Coca cola... y yo no bebí, porque... no. XD. Ron con coca es bebida de boliche~ (algo así como querer hacer causa con puré knorr en polvo xD). Si hubieran tenido un frizzé, capaz, pero el ron no me llama. En eso, comentaban algo sobre haber tomado whisky con chicha morada, y al preguntarle al chico de mi costado si la chicha era alcohol, él me miró con cara de: “qué te hacés la extranjera, chola”. No sé cómo salió la conversación de que yo era argentina, y ahí hasta las francesas dijeron “ah, parecías peruana” XD.

Hablé con la otra chica, peruana, que era más accesible y no tan eléctrica como la francesa de rastas. Me comentó que tenía una hija, que acababa de salir del laburo y que estaba tratando de dejar los vicios (... y le ofrecieron ron y aceptó -_-). Julio recibió un llamado de Miau, y fuimos a encontrarla a la ¿iglesia?.


Cuando nos reencontramos de nuevo, pasamos por el grupete de las francesas locas/one con mirada de longing (?), y J se dedicó a fotografiar el salto del cisne de la rubia con rastas que estaba hasta las manos por un poco de hachís xD.


Ya casi eran las diez o habían pasado unos minutos, el caso es que al llegar ya no quedaban entradas ^__^#. Miau: enojada, Julio: intentando arreglarlo, Yo: llévenme donde quieran~. No había lugar, así que subimos al bar para por lo menos oír algo del concierto.

Nos sentamos y presencié el complejo con los mozos de don J, el descontento de la Miauchu... y las papas bravas. Oh, fuck. ¡Noo! ¡No hay picantes así en la cocina argentina, o al menos, no en la de mi casa! Picantísimo, mi lengua estaba sensible como cuando me quemo con el mate cuando el agua está hervida O__o. Los tequeños con queso estaban yummy ^^, las cervezas también... no sé cuánto bebí esa noche, pero tengo retazos de lo que ocurrió xD.

Daniel F cantando con otros bodrios que casi ni oí. Solamente me levanté a escuchar “El hombre que no podía dejar de masturb4rse”, y después regresamos a la mesa. Baño. Baño. Taxi. Muerte en Taxi (en las fotos salgo durmiendo O_o). Me morí hasta el día siguiente.



Viernes

Sé que me levanté (sin resaca), y mientras esperábamos a J y Miau se duchaba, pude ver su colección de doujins... Lindo, mopeable Iori. El único KyoxIori estaba un asco dibujado, pero wtf, lo disfruté igual :3. Fuimos a tomar una combi para ir a comer cebiche. La combi estaba limpia, tenía letreros de “jale” en vez de nuestro “tire”, pero me acuerdo de que era estrecha, mis rodillas apenas si cabían en el asiento. Pasamos por la ofi donde trabaja Miau y yo no pude imaginarme a ese edificio meciéndose cuando hay temblor y sintiéndome tranquila, nono.

El local era grande, fresco... me sorprendió ver que el techo era de lo que nosotros llamamos “media sombra”. Acá pusimos un gazebo y la primer tormenta fuerte lo mandó a volar, por eso me parecía rarísimo o.o. Es una mala costumbre esa la de compararlo todo con Argentina, pero bueno, no puedo evitarlo. La moza trajo un vaso lleno de maicitos que se llaman “canchita serrana” y que estaban ricos ^^, apenas con un toque de sal.

Los platos llegaron mientras la Miau advertía a Julio que no tratara mal a las mozas (muaha). Dos cebiches (uno con ají que no probé) y un arroz con mariscos, más una coca light y dos frozen, uno de maracujá y otro de limón. Probé leche de tigre y fue como beber la sangrecita de la carne, pero más ácida ^_^.

El arroz con mariscos estaba picante, pero rico. Y vino a afirmar mi resolución de que los mariscos no son para mí... igual, el conjunto de arroz, pulpo, calamares, langostinos y maíz fue delicious~ ¡Igual el cebiche! Esperaba algo más... con gusto a pescado, del tipo que se queda pegado al paladar, pero era como comer algo blando que a la vez se deshacía y provocaba un agradable picor en la lengua. Me gustó~ creo que voy a comerme uno entero la próxima vez... vi que abrieron un restaurante con cocina peruana en Baires, así que quizá cuando vaya le entre :DD.


El frozen fue magnífico, quiero, quiero. Riquísimo, indeed.

Salimos y me llevaron al centro (creo que así le decían). El Centro fue de una Lima más poblada... la gente era bajita, y se vestía usando combinaciones imposibles... no había muchas mujeres mostrando cuerpo, como en nuestro centro. Esa fue una de las impresiones de Perú: la gente, a pesar del griterío, de los jaladores de combi y los de las tiendas, es educada. No hay gente gritando abiertamente sus sentimientos en la calle como estoy acostumbrada a ver por estos lares... no había hombres que se insultaran unos con otros. Incluso el uso del ‘has’ me hacía sentir como en otra parte, nadie ordenaba a otro, todo se decía de una manera más bonita, no sé.

¡Había balanzas en plena peatonal! Lindo :3... te evitaba tener que ir a una farmacia a pesarte. Andaba en los cincuenta y nueve kilos, y no me volví a pesar desde entonces, pero me sentía hinchada... creo que engordé bastante en estas vacaciones :P. Había llamitas of passion reales, ¡tiernas! Me saqué dos fotos con ellas y otra vez fue regatear el precio.

Quisimos ir a ver las catacumbas, pero estaba cerrado. Había un mundo de gente, incluso alcancé a ver una procesión con una imagen envuelta en una tela negra (que me dio miedo xD), y un grupo de músicos que tocaban las mismas melodías de El Padrino (aunque perdieron un poco de glamour porque tenían las partituras pegadas en la espalda del músico de enfrente...).

Recuerdo Jirón de la Unión como una calle atestada, y en una esquina el bar Yacana que tantas veces vi mencionado en los flyers que veía en las páginas de conciertos. La verdad, lo que recuerdo del centro es todo lo que veo en las fotos. El ¿río? que acá sería la mitad de un riachuelo, incluso mucho menor, el sol (si hubo algo que extrañé fue la sombra de un paraíso), y... el cerro, con sus construcciones imposiblemente ubicadas. Comenté a Julio que la vista del cerro me hacía acordar a lo impenetrable de nuestro Barrio Las Flores (o el equivalente porteño de Fuerte Apache). No sé por qué, pero me quedó la sensación de que si subía ese cerro llegaba a Cusco. Totalmente desorientada, lo sé :P.

Nos metimos en un pasillo donde había cabinas de teléfono y llamé a casa.

Salí, el calor seguía abrasando, y fuimos a un bar a tomar algo. Oh, eso fue otra cosa grata: las caminatas abrían el apetito y había lugares muy, muy agradables para sentarse y perderse un rato. No es como andar por peatonal Córdoba e ir sorteando bares conchetos y frescos artificialmente con el aire acondicionado... me llevaron a un bar, donde un hombre llevaba una camiseta de Argentina, y creo que se dio cuenta de mi nacionalidad cuando me oyó decir “quiero jugo de papaSHA”. Ohoho. ¡Jugo! Dioxdioxdiox. Nadie es realmente feliz hasta que llega a Perú y prueba sus frozen en el verano más caluroso en muchos años (según el nunca bien ponderado diario chicha “Trome”). Con la cantidad de comida/bebida que vi consumir en esos días, es un milagro que la gente no ruede por las calles ^__^.

El bar era lindo~. Fresco, pintado en amarillito, transmitía tranquilidad. Fui al baño, para variar, y estaba bien equipado... y hasta había toallitas en la maquinita junto al lavabo. Y sí, soy obsesiva por la limpieza en los baños (y siempre me fijo en eso), y en mirar calzones XD.



(sigue mañana)
Me dieron ganas de probar esto para postear sobre el viaje a Perú... finalmente. A ver gastón cómo queda XD.
I~
Argenta. Cerca de las tres décadas. Yaoi Fan. SPPZG member and proud of it :3. Laburante. Escritora en ratos libres. "Om du bara vill"-addicted.

Vull~
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Needies~
Robin Schone (more Angels, more :3) Antínoo. Armstrong. Happiness. Toasted Twister. SE 850i. ¡YA! -_-

Bleh~